PORVENIR

PORVENIR

sábado, 29 de enero de 2011

SAPO DE OTRO POZO



Para no caer en saco roto, me agarro yo misma y me salgo de una red que desde hace un tiempo, está agujereada. Sin emparches, sin puntadas sin hilos. Agujeros en los que caí y caí y caí… sin una pregunta o una palabra que me rescate en el espacio virtual y sus extrañas dimensiones.
Para un pez del mar, el agujero en la red es su salvación, su regreso a la libertad del infinito océano. ¿Sentirá el pez el vértigo de la incertidumbre de dejarse llevar?
Para no caer en saco roto, me detengo y hago silencio entre los mensajes que van y vienen, cuyos asuntos ya siento lejanos. Escucho los ecos de las voces; recibo las palabras que sus vertiginosos días emiten. Pero yo ya no estoy ahí. Me dejo llevar, como el pez, entre las olas del mar de la vida y observo.
Para no caer en saco roto, miro hacia atrás y veo los flashes de los encuentros desencontrados. ¿Habré hablado en otro idioma? ¿Habré sido un sapo de otro pozo? ¿O habré tocado costas de tierras hiperpobladas que me son siempre ajenas?
De todos modos, ya no soy esa. Ahora que salí de la red, no le temo  a la soledad. Porque nadando y navegando en libertad llego a nuevos paisajes y compañías, tomando distancia  del amargo sabor del pasado de esperas de un rescate que nunca llegó.
Saco roto, palabras que se lleva el viento, sapo de otro pozo
Elijo una bolsa vacía pero llena de posibilidades desconocidas, palabras verdaderas, escuchas sinceras que se muevan con la brisa envolvente de un amanecer tranquilo. Más que pozo, vergel y oasis.
Beber del cántaro de una amistad verdadera, pequeña, incierta.
Dejar los agujeros, las redes descosidas, las palabras ignoradas, el barullo sin nombres, atrás, abajo, al costado del camino y seguir andando.

miércoles, 26 de enero de 2011

CAETANO, EN UN TEMA DE MICHAEL JACKSON: BILLIE JEAN

ESPERANZA SPALDING. I KNOW YOU KNOW

ESPERANZA SPALDING. CANTORA DE YALA

MONTI CSARDAS - KATICA ILLENYI

LA LISTA DE SCHINDLER POR LA INCREÍBLE KATICA ILLENYI

MUJERES EN EL ARTE

BILL EVANS EN EL WALTZ FOR DEBBY

OTRA PERLITA! MUCHACHA OJOS DE PAPEL

lunes, 24 de enero de 2011

PORVENIR

POR VENIR

LA SAL DE LA VIDA - PELÍCULA

Título Original:  Politiki kouzina 

Dirección: Tassos Bouluetis 

Origen: Grecia / Turquía 

Año: 2004 


En el amplio y lejano espacio del Universo, un pequeño paraguas rojo se impulsa por la misma brisa que mueve a los objetos del mundo. Lentamente, lo lejano se hace próximo y lo difuso claro. La pequeñez y la inmensidad del tiempo y del espacio se alternan en el juego de los astros y los sabores de las comidas. “Sólo una letra diferencia la gastronomía de la astronomía”, escuchamos decir de los labios de un abuelo.
Somos llevados por el relato hecho de palabras y de música, olores, sabores e imágenes, al tiempo de la infancia. Tiempo marcado por las comidas que nutren las escenas familiares, que condimentan nacimientos, amores encontrados y desencontrados, enfermedades y exilios.
La sal de la vida se erige así, a través de quien narra, como un canto a la esperanza.

LA BATATA MACABRA

Anda. Allá. Para nada calma. Salta la raya. Pasa a la nada. Agarra a las santas hasta bajar a las macabras.
Salva, para pasar a sacar tajada. Mala.
Calma calma calma… arranca sacada. Para nada agarra la palabra.
Saca las armas para matar. Mata.
Para la masa, pasa bárbara, máscara.
Para la casa, anda arrancada, sacada.

Ah… la palabra salva!

CUATRO PALABRAS

Sólo cuatro palabras. Una oración simple: Un verbo junto a un artículo que acompaña a un sustantivo con un adjetivo.
Tan simple como eso y tan complejo como llevarlo a cuestas a lo largo de la existencia. Tan liviano podría ser… ¿Cuánto pueden pesar cuatro palabras en una oración simple?
¿Qué peso neto indica la balanza?
¿Qué cinta métrica mide su dimensión exacta? Calcular su superficie, su perímetro en el espacio psíquico…
Conjugar el verbo en pasado, presente y un futuro que se perfila igual. Simple, claro, crudo.
Porque cuando lo escribo o lo pienso, el tener se proyecta con una sombra sobre el ser. Como una condena eterna, este tener es inquietante. Como si aún, con todos los intentos de aderezos, de cocinas a fuego lento o rápido, la crudeza de la realidad no dejara escapatoria más que unas palabras que intentan algún tipo de elaboración para el ser.
Lo inquietante y crudo es que no hay modo de modificarlo. Así fue, así es y así será. Sin condimentos, sin especias. Tampoco humo que nuble la conciencia ni alcohol que duerma los sentidos.
No hay salida, no hay evitación posible.
Las cuatro palabras por crudas, caen pesadas, indigestas. Dosis homeopáticas de sinónimos tal vez puedan calmar los cólicos, darle a los intestinos algo que modere sus efectos. Avena arrollada de consonantes, polvo volcánico de vocales que reestablezca la flora intestinal. Un poco de música o ritmo para que se muevan.
Son sólo cuatro palabras!, recuerdo. Con tanto diccionarios de definiciones y sinónimos, cuatro palabras son la micromilésima parte de nuestro código del lenguaje… 

Como conejos, las palabras se multiplican, el sentido se va deslizando, abriendo lugar a nuevas significaciones que me tiran una soga de la cual agarrarme para no caer en el vacío del sinsentido, de la imposibilidad de comprender por qué, siendo cuatro pequeñas palabras, no hay balanza en equilibrio que las contenga. 

MOSQUITA MUERTA



Nunca me gustaron las “mosquitas muertas”. Esas muchachas tan redondas y tiernas, aparentemente comprensivas o bondadosas, generosas e inocentes… Nunca me gustaron, sobre todo, porque tras observarlas bajo mi lupa analítica, un rasgo, algo que levemente se insinuaba en su rostro o en su mirada, rasgaba su aparente y dudosa benevolencia.
No, nunca me gustaron.
Será porque su vuelo me rondó desde pequeña, es que debo rendir este pequeño homenaje (o este exorcismo secreto e íntimo).  
Tanto como aquellos momentos en los que vacía de pensamientos y automática, me dirigía al descanso de la escalera de mi casa y allí me instalaba, en la ventana, a hacer nada. Nada productivo, nada creativo. Nada poblada de todo.
Algo que ahora, varias decenas de años después, intento descifrar.
Veo pasar alguna que otra persona por el pasaje Eugenio Ramírez del barrio de la Agronomía, algún perro, gatos o pájaros en los árboles cercanos.
Pocos autos, tal vez calles pobladas de hojas de otoño en la vereda, esperando el atardecer de su vida y del día, el momento en que se elevarían en un humo sabroso.
Puede que estuviera sonando algún simple en el Wincofón, porque en esos tiempos, no se oía la musiquita de los celulares ni del Messenger avisando la llegada de algún mensaje… los sonidos eran menos y las imágenes también. El mundo estaba más limpio de cables y de ondas.
El descanso de la escalera aguardaba sus últimos tres escalones para llegar al hall de entrada. La ventana y su cortina calada de nylon era (ahora que lo pienso) tal vez un descanso para mí. Y para las moscas… que en paz descansen!
Ellas no sabían (y yo tampoco), que nuestro encuentro, marcaría su definitivo final. Que un gesto, un quedar atrapadas entre el vidrio y el nylon las dejaría bien muertitas. Que un cementerio se alzaría en el descanso como símbolo de mi impavidez infantil frente a las dagas de otras mosquitas, ni muertas ni mucho menos, que me atacaban por la espalda.



Bzzz…bzzzz….bzzz… qué rico olor a café con leche! Qué buen desayuno para nosotras…! Bzzz…bzzz…
Pero… qué está sucediendo? Qué son estos gritos? Una niña con guardapolvo, y sus trenzas con moños blancos planchados, que dice que no, que no quiere esta mañana tomar el café con leche. Y esa mujer que grita, desquiciada, que dice que sí, que lo tiene que tomar, que se apure, que basta, que lo tome… Pero, ¿qué hace? Agarró la taza y no es para tomarlo no… el café con leche es volcado íntegro en la cabeza de la niña… sus lazos y su delantal ahora chorrean, y la piel le quema, y su alma llora pero sus ojos no, no, sus ojos miran sin ver, sus manos tocan sin sentir, su nariz no huele, ni su cuerpo siente… no… sólo ve cómo unas moscas rondan y toman su desayuno con un eterno gusto a tristeza.


Tal vez fue a partir de allí que en mi alma se instaló la pena, un hondo lago sin reflejo ni fin.
El descubrimiento de que el ataque podría llegar en cualquier momento, de cualquier lugar, y de los seres más cercanos fue posterior. Y marcó un antes y un después.
Pero por estos tiempos, a pesar del derramamiento de café con leche, seguí creyendo que las mosquitas muertas no lo eran, que aún podía confiar en la bondad universal y que la única mala, era la “mala mandarina”.
Me escuchaba diciendo: “Yo soy buena”… “Sí, buena mandarina”…me respondía.
Nunca supe qué era la buena mandarina, pero sentía que la mala era yo, tal vez porque mataba a las pobres mosquitas o porque sentía crecer en mí el hondo lago, mezcla de tristeza, odio y perplejidad.



Nunca entendí por qué se llamaban “mosquitas muertas”. Por qué no “hormiguitas muertas”… o “lombrices muertas”.
¿Será porque las mosquitas parecen muertas, inertes, vacías de vida o sentido y no lo están? ¿Porque cuando uno cree que ya no levantarán vuelo, surgen desde abajo para volver a elevarse frente a nuestra impavidez frente a la vida, frente a la muerte?
Nunca supe qué sucedía con las pobres mosquitas que quedaban bajo la cortina de nylon. Si eran descubiertas, barridas y tiradas sin más a la basura, encontrando un triste final mezcladas con cáscaras de frutas, restos de envases, papeles y residuos afines.
O si, sorpresivamente, se iban volando a buscar otro destino, más atractivo y vital que un simple tacho de basura!
Mosquitas muertas… o no?



Si hubiera sido una “mosquita muerta”, nunca hubiera vuelto a devolver ese “pan lactal” de la despensa del barrio, esa tarde de los años setenta.
Había ido encomendada a comprarlo, solita, mi alma y yo, a unas cuadras de casa, sobre Avenida San Martín, cosa que en esos tiempos, era toda una odisea, un viaje a tierras conocidas pero lejanas.
El negocio estaba lleno de gente. Tal vez acompañaba al pedido de pan lactal una… “dánica dorada… era para untar… era para untar!”… Entre margarinas, algún que otro lácteo y otros menesteres tal vez de limpieza, se encontraba el objeto en cuestión. No sé aún por qué habrá sido que al hacer la cuenta, el hombre lo olvidó, o yo no lo mostré o ambas cosas… pero yo lo supe.
Y así, solita y sola como me encontraba podría haber sido una mosquita muerta más. ¿Quién imaginaría que tras ese rostro redondo, ingenuo y feliz se encontraba una “ladrona de panes”? Hubiera podido ser así, volviendo de regreso con mis compras y mi pequeño trozo de mundo conquistado secretamente sobre un negocio de la avenida del gran libertador de América. Qué ironía hubiera sido quedar esclava de mi conciencia moral…!
Pero no. Con mis cortos años, no pude ni quise hacerlo. Renuncié a esa picardía mal intencionada y volví a avisarle al cortés señor que de algún modo había quedado su pertenencia en mi bolsa, y yo sin pagarla!
No quise llevar sobre mí la vergüenza que me causaba mostrarme de un modo que no correspondía. Cuando contara su dinero el señor vería que sus cuentas no cerraban… monedas, billetes… o tal vez no. Tal vez él nunca lo supiera. Pero yo sí. Y no soportaba saber que por mi imagen y la confianza depositada, estaba traicionando a un desconocido. Hiriéndolo por su espalda, cuando él no se daba cuenta.
Renuncié al título (esa fue una vez) y volví feliz a refugiarme en mi pequeño espacio del hogar.



Pero lo cierto es que no siempre lo logré. Otras veces, sin quererlo, sin tener absoluta conciencia, como sucede en la infancia, el espíritu de la mosquita muerta descendía sobre mí como un manto de tiniebla que nublaba mi alma, dejándome el amargo sabor de mi propia traición y una mala sensación sobre mi persona. ¿Sería esa la “mala mandarina”?
Años de análisis me ayudaron a develar qué significaban esos actos, cursando una buena escuela, con su docente a la cabeza marcando como un director de orquesta, los tiempos de las traiciones y rencores. Buena escuela, pero por la suerte y por una conciencia cuidada con el esfuerzo de cada paso conquistado, me convertí en mala alumna pero muy buena observadora.
Como una especialidad, una lupa analítica de moscas, un microscopio con su lente infinitamente agrandada, me sirvieron de laboratorio para decidir, después sí, con absoluta conciencia en mi adultez, que podría tener la maestría de “Especialista en mosquitas muertas”, dejándome por fuera de las lentes, poniendo mi ojo del lado del observador.


Pero los setenta no fueron años tan fáciles y mucho menos los ochenta, para ubicarse de un lado o del otro.
Transitar la escuela secundaria defendiendo ideales sin quedar estampada (en el mejor de los casos) en la lista negra de los “sospechosos” o desaparecida o muerta (en el peor), no era tarea fácil, ni mucho menos.
Cualquier acto de reclamo o defensa de algún valor vinculado a la solidaridad, al cuidado del otro, a la conciencia moral, era catalogado, etiquetado y empaquetado para siempre, y todas las lupas y lentes microscópicas eran enfocadas junto con los reflectores de la sospecha. Y uno quedaba, como las mosquitas, pero esta vez sin la certeza de poder levantar vuelo otra vez.
Entonces, para esos tiempos de pegatinas clandestinas en los baños anunciando que “se va a acabar… se va a acabar… la dictadura militar…”, mejor sí, mejor que ser una férrea defensora de los derechos era quedar (que mi conciencia me perdone) del lado de las mosquitas muertas. Y es así como durante algunos años, tuve que serlo para no morir, para no sucumbir, para resistir sin quedar atrapada en una batalla en la que, los disparos venían de frente, los aplastamientos y la tortura eran reales, humanas, sin más metáfora que el dolor real en el cuerpo.



“Al patio, todas!”, sentenció el Vicerrector de la “Gabriela Mistral”, la secundaria ubicada en pleno barrio de Villa Crespo.
Sus palabras retumbaron en mis oídos como una sentencia. Me sentía descubierta y atrapada. La escena se desplegaba ante mí sin encontrar un modo de quedar afuera. No podía escapar. Las puertas estaban cerradas y controladas. Volar no era una opción posible, aunque qué bien hubieran venido un par de alas…!
A fuerza de no tener opción, formamos fila en el patio, una tras otra. Recé con todas mis fuerzas mientras la otra parte de mí ponía la atención en las palabras del Sr. Guló: “A la escuela se viene a estudiar… No a hacer política!!! Que sea la última vez que se atreven a hacer cualquier tipo de actividad política aquí!!! Si descubrimos quién ha sido la responsable de este macabro acto de pegar los carteles en el baño, será sancionada con todo el peso del castigo…” y bla bla bla…
Ya no pude escuchar. Me sentía amenazada, con los minutos contados. ¿Moriría aplastada, como mis mosquitas, bajo la tela calada de la intolerancia, la violencia y la brutalidad de los asesinos de turno? ¿Serían mis compañeras, una boca cerrada? ¿O la abrirían para devorar el agridulce sabor de la traición?
Temblaba, sudaba, no lograba estabilizar mis pensamientos en ninguna otra cosa que pasar el momento sana y salva.
Rogué a Dios que no me abandone. Que me perdonara por haberlo ignorado durante tantos años, por que no supiera (aún no) ningún rezo de ninguna religión. Le pedí que estuviera ahí, acompañándome hasta salir del enredo…
“Todas a las aulas!”, volvió a gritar la autoridad. Y una a una, ejército blanco de autómatas adolescentes, fuimos entrando en el aula. Y todo siguió como si nada. Y nada más fue dicho. Y esa misma nada se convirtió, para siempre, en un agradecimiento infinito hacia mis compañeras, que semana a semana, me escuchaban discutir, pelear y enojarme contra “las ventajas del capitalismo” que una pobre profesora intentaba insuflarnos en Economía Política del Comercial 16. Y también a Diosito que allí estuvo y me enseñó el valor del verdadero rezo. Aunque eso lo supe muchos años más tarde.





Cambiando de rumbo, de tiempo y de género, cabe preguntarse, a esta altura de las circunstancias ¿por qué mosquita muerta es mosquita y no mosquito? Por qué no es “mosquito muerto”, me pregunto yo?

Nunca, never in de laif, escuché decir: “se hace el mosquito muerto”, o “este es un mosquito muerto”…
Hay moscas… no moscos…
Hay mosquitos, pero esos son diferentes a las moscas, porque los mosquitos pican. Se acercan y uno ya sabe que algo malo (para nosotros, claro) van a hacer. No engañan, no parecen una cosa y son otra… No. Ellos vienen con su zumbido perturbador y ahí nomás vos sabés que si no los matás, te quedará la ronchita. Y pica que te pica. Y rasca que te rasca.
Y ahora, con el dengue, peor. Que si es el mosquito que vino de Brasil, viene con todo. A lo grande, como Pelé! Con enfermedad, tal vez con muerte y todo. Pero va de frente!
Por eso digo que no es el mosquito muerto sobre el que venimos reflexionando en esta ocasión.
La nuestra, la verdadera mosquita muerta, viene con ocultas intenciones.
Entonces… dónde estriba su peculiaridad? ¿En el género? En que pertenece al sexo femenino? ¿Por qué la cultura popular, que transmite los sentidos de generación en generación, ha puesto la función de la mosquita muerta sólo en nosotras y no en ellos?








(Continuará...)













                                                                           

viernes, 21 de enero de 2011

TENTACIÓN ORDENADA

SONRISA REFLEJADA EN UNA FLOR

DESDE ABAJO

SAGRADA FAMILIA CON GRÚAS

POR AMOR A GAUDÍ... POR TANTA BELLEZA!

MIRANDO EL SUBSUELO DE LA CATEDRAL DE CATALUNYA

PENSAR EN NADA...

EL ZORZAL CON ROQUEFORT, PALTA, PANCETA Y CEBOLLA

EL CHE DIGERIDO

jueves, 20 de enero de 2011

FUGA

Miró y se le ocurrió que la tarde en la calle tiene ritmo. O ritmos. 
Que entre esos niños y la pelota hay compases, tiempos, cadencias...
Que las hojas de los árboles, en la brisa de primavera, los acompañan en sus saltos, patadas, rodillas o golpes de cabeza...
Que las hamacas también, en su vaivén surcan el aire al compás...
Y que el saco verde de la muchacha que pasa, entra sutilmente a la melodía para retirarse a un nunca más...


Todo es efímero y eterno, pensó. Hasta estas palabras que se desgranan en este atardecer porteño. 
En pocas horas, caerá la noche con sus promesas y sus fantasmas. 


Y todo habrá sido un instante, una fuga, en la vertiginosidad de su vida.



Se hace nuez.
                      carozo,
                                   grieta.

Se hunde de luz,
Se hace abismo de la noche,
                               de la tierra,
                                          de la nada.


Mece su sueño como susurrando lo que no está,
                                                   lo que no es,
                                                   lo que no se ve, aún.

Pero aún así,

cuando es grieta,
                          abismo,
                                      noche
                                             o nada

vive despierta de que, al menos por un instante,
pueda gritar lo que es.
Sacudirse la angustia, dejar caer el fastidio, la desahución, el miedo.
Barrer el suelo de tedio, limpiar la desolación y empezar a caminar sobre un terreno nuevo, cuidado, oxigenado de ríos y árboles. Habitar la ciudad como pájaro libre.
Romper las cadenas. Dejar el malestar y decir que es es la vida. La única. La impostergable y generosa vida que hoy se abre ante mí.

DRAGÓN

¿Dónde está cuando no está?, se pregunta.
Dónde están sus pensamientos cuando su centro se diluye, se pierde, se proyecta en las múltiples imágenes de un tiempo y un lugar que no tienen existencia real.
Dónde, su cuerpo, que no siente más que  en el malestar. O en los pocos momentos en los que, en esos tiempos, procuran placer.
Perdida, oscilante, ansiosa, tensa, desalentada, solitaria, ansiosa, resentida... Se lee y le cuesta aceptar que esas palabras también son ella; que caen como una verdad, cuando su alma es un dragón de las oscuras profundidades.

Contemplación nocturna

Es de noche. Hay silencio, excepto el tic tac del reloj y el río de autos que fluye por la autopista.
Algún bocinazo. Un objeto que cae atraído por la fuerza de gravedad. Y su mano desplazándose por el papel, mientras las letras asoman como recuerdo de un día agitado. De un ir y venir de emociones que, como en una montaña rusa, la mantuvieron atenta a lo largo del día.
El cuerpo delata sus tensiones, en dolores que ahora, en la contemplación nocturna, se deja oir, con sus nudos pero también con sus tibiezas.
Sacó una runa, para despedir el día. Leyó su mensaje.
Buen momento para dormir, pensó. Y cerró los ojos hacia afuera, mirando hacia el adentro de la oscuridad nocturna. Y durmió...

miércoles, 19 de enero de 2011

De Hugo Mujica, Poesía Completa (Ed. Seix Barral, Biblioteca Breve, 1983-2004)

    Morir
    el nacer de la palabra    
    hasta decirse.


     Cerca
     muy cerca
     se refleja un ciego
     sobre mi lágrima callada


     cerca
     más cerca
     pongo mi lágrima en sus ojos
     para que podamos ver.


     Así,
     como haciendo el amor
     por la herida


    ¿no nacemos acaso
            desde el dolor ajeno?   


    Invisible rojo de lo dicho
    amanece
    la palabra sobre el silencio.


    A jirones
    voy quedando entero


     ya 
     casi no me hago falta.


     pájaros 
     dando a luz el espacio
     que aletean
     
     tanto más que encontrar 
                                         el buscarte.




     bosque talado
     grita,
     pero no sabe que grita
     como el ángel de mármol
                                    sobre la tumba de un niño.




    escuchando la música
                                  no el instrumento
    siendo el pasar
                                  no lo pasado.
    

lunes, 17 de enero de 2011

EVITA EN LA CARPA BLANCA

30 AÑOS DE RESISTENCIA Y MEMORIA

PAÑUELOS BLANCOS

OBELISCO EN DIAGONAL




CONGRESO Y FAROL

INCENDIO EN LA RESERVA ECOLÓGICA

ANTES DE QUE SE VAYA

VUELO EN NUBE

SAN CRISTÓBAL BAJO EL HUMO DE LA SOJA

EL GATO DEL PARQUE RIVADAVIA

CORRIENTES Y CALLAO

LA LECHE DERRAMADA...

PARADA EN EL MEDIO DE CORRIENTES

EL REGALO

ATARDECE EN SANTA ANA

¿PODRÁ ESTE MEDIODÍA DE INVIERNO RETRASADO...

¿Podrá este mediodía de invierno retrasado,
Esta tenue luz en el cénit de mi alma,
Esta esperanza que crece incesante
Desde sus raíces a lo alto de la bóveda de estrellas…

Podrán, digo, alcanzar para decirte el inmenso amor,
Esta humanidad que me penetra,
Y agradecer, y agradecerte
Que se haya producido el encuentro?

OTRO DÍA

Entregar el alma, los pequeños y grandes territorios del cuerpo y percibir y dejarse sentir.

Y en ese mar extraer los habitantes del profundo universo.

                                                                       Girar cada pieza.                        
                                                                                   Encontrarse con las distintas caras de ese infinito tesoro.

  Danzar él y yo,
                infinito y ahora,
                        la danza de los esenciales instantes de la vida.

Las pequeñísimas gotas, cara del cristal que conforma el corazón del universo y el nuestro.

Ínfimos detalles en el vasto mundo del que formamos parte…

LO QUE NO SE VE

Es bulbo, es semilla, es esa flor que crece en mí
y se hace de mí,
cuando tus bellas manos
y tu susurro,
cobijan en nuestra alma
el tesoro de lo que no se ve.

CONTRA EL MURO

Crece como una hiedra contra un muro de piedras, como una raíz que por su fuerza sale del fondo de las entrañas y se retuerce queriendo desprenderse de sí y del mundo.
Se inflama como llama en el viento, como incendio que quema los pensamientos, las ideas, los colores y lleva todo a su rojo anaranjado dejando sólo cenizas tras de sí.
Voz ronca, alarido y furor, eco de los ecos de voces apagadas o mutiladas en otros tiempos y espacios, gritos iracundos de miles de testigos acallados por la impunidad que roe la esencia de cada ser.
Se desboca como animal herido, acorralado frente al filo inesperado de la muerte; se corta, se lame, sangra desde lo profundo del dolor del que sabe que el tiempo llega a su fin.
Muro de piedras, llama en el viento, alarido y furor animal.
Así crece la ira y se inflama, se desprende y retuerce, quema e incendia en el grito de quienes son heridos por la impunidad de un morir sin palabras.

CÓMO DECIRTE AMOR...

Cómo decirte, amor
cuando son mis ojos
cielo, manto oscuro, universo de estrellas,
los que se encienden en mí?

Cuando es mi cuerpo
capullo en flor, terciopelo y pétalo,
y vos, abeja que liba la miel de nuestro amor?

Cuando soy río y cauce,
mar embravecido, túmulo violento
desgarrado de dolor?

Te nombro amor
y mi cintura se hace prado, bosque,
ronda de niños, matecito en la tarde de una ilusión.

Cómo decirte, amor
Cuando el universo con sus flores y sus ríos
y los bosques, el mar y los prados,
dejan a mi humilde existencia sin palabras para nombrarte?

AL SON DE TU CORAZÓN



Cuando el desierto arrastraba hacia la muerte
Y el abismo se abrió ante mis ojos,

Cuando los grises se apoderaron de mi mirada, de mi alma, de mi cuerpo,
Y mis pies dejaron de danzar, y mi corazón de piedra fue

Un tibio rayo de sol
Un abrazo de amor y de palabras
Acunaron mi alma, meciéndola
Al son de tu corazón.

POR VENIR

POR VENIR