Entregar el alma, los pequeños y grandes territorios del cuerpo y percibir y dejarse sentir.
Y en ese mar extraer los habitantes del profundo universo.
Girar cada pieza.
Encontrarse con las distintas caras de ese infinito tesoro.
Danzar él y yo,
infinito y ahora,
la danza de los esenciales instantes de la vida.
Las pequeñísimas gotas, cara del cristal que conforma el corazón del universo y el nuestro.
Ínfimos detalles en el vasto mundo del que formamos parte…
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